Oscuro olor de pan
traía la alacena
o era morena la costra de pan
que relucía al amanecer
su mágica existencia
o era invisible la mano que tanteaba
el goce del aroma encerrado
como en sagrado texto
o era en fin la oscuridad
de no saber
que éramos tan felices
en medio del esplendor
tan inermes y translúcidos
en puntillas llevados
en tanta oscuridad
por todo el esplendor que había
en tanta absoluta
oscuridad
Porque la oscuridad no es más
que el instante de espera
del esplendor.







